La patología o la anatomía patológica es una rama de la medicina diagnóstica con una impronta fuerte sobre el desarrollo del conocimiento médico actual. Con un gran protagonismo en los albores de los descubrimientos que cambiaron la forma del conocimiento científico, fue un rama de la ciencia que logró modificar el paradigma de los niveles de complejidad de la clínica para generar un sustento celular al abrir la puerta al mundo de las bases genéticas de la enfermedad.
A medida que el mundo se modernizaba y las pruebas diagnósticas (genéticas, bioquímicas, de imágen, etc.) mejoraron, también avanzó la patología como especialidad médica y como tal se tornó en un servicio diagnóstico para la confirmación y caracterización real de las enfermedades.
Sumado a la cada vez mayor disponibilidad de pruebas complementarias para el estudio y caracterización de las entidades, la patología sumó a un aliado fundamental que es la inmunohistoquímica como herramienta cada vez más específica para poner nombre, apellido y DNI a una enfermedad. De aquí partirán los caminos terapéuticos, cuanto mayor certeza y exactitud tengamos mejorarán los tratamientos . Mediante la caracterización histo, inmuno, genética y molecular en las muestras que analizamos y la disponibilidad cada vez mayor de marcadores la personalización irá cada vez más rápido.
Hasta aquí todo es genial!
Sin embargo la cada vez mayor demanda de pacientes (explosión post pandémica), mejoras en los estudios preventivos, mejores tamizajes y mejores programas y campañas preventivas, están provocando una situación de colapso crónico en el acceso al sistema de salud que juega a tope de capacidad.
Desde la oferta, se suma un grave problema mundial del envejecimiento de los patólogos, una mayor carga de trabajo y la caída en la formación de nuevos especialistas, con disponibilidad cero en pequeños centros urbanos, aranceles peores y mal pagados a a especialidad con cartel de especialidad “barata” , y con tecnologías todavía de un elevado costo inalcanzables para cualquier laboratorio pequeño, en definitiva mayores retrasos, pérdida de la calidad y pérdida de oportunidad para un paciente que tiene que iniciar un tratamiento con la confirmación de su biopsia, sin olvidarse la peregrinación por su cobertura de salud y las trabas burocráticas consiguientes.
Para sumar la patología en la mayoría de los laboratorios sigue teniendo un gran porcentaje de proceso “artesanal” limitante y pocos patólogos conformaron aún redes de trabajo sistematizado.
Es aquí donde quiero detenerme, porque con lo mencionado (entre otras dificultades más para no seguir deprimiendo al lector), aparecen cada vez más espacios para la oportunidad y el reto de la transformación digital.
El camino de la patología digital y computacional ya se inició a pasos gigantes y ofreciendo cada día mejores soluciones, las tendencias indican que en pocos años y de poder expandir a todo el mundo la accesibilidad de los laboratorios será cada vez mejor con técnicas que reduzcan los tiempos y mejoren la escalabilidad.
La necesidad es lograr transformar y automatizar nuestro procesos, incorporando controles de calidad y estandarización en los mismos, para poder ingresar a la digitalización total de nuestras muestras en imágenes con la consiguiente aplicación de sistemas de aprendizaje automático y aplicación de redes neuronales que nos permitan ampliar nuestra capacidad de análisis, en la rutina diaria que es donde está el 90% de la carga de trabajo. Valorar la gran cantidad de datos que generamos día a día y volver a repensarnos como productores de información sobre la cual trabajaremos.
Para todo esto sigue siendo primordial transformarnos, comprometernos y cambiar nuestras organizaciones, salir afuera del microscopio para entrar al mundo digital, trabajar unidos en redes de telepatología en la rutina y estar abiertos a superarnos, para brindar a nuestros pacientes un mejor proceso salud enfermedad atención.
Ya no hay vuelta atrás!
Foto de Ryan Adams en Flickr.